Cuando comencé a vivir el Yoga, tenía la esperanza de poder encontrar eso que me faltó en la Religión. Pero poco a poco con el tiempo, comencé a entender que también el Yoga lo regimos los humanos, que el hecho de que haya habido personas iluminadas compartiendo sus regalos, no significa que sean seres perfectos. Seres no humanos.

Van dos veces a lo largo de mi carrera espiritual que los líderes de mis círculos decepcionan a muchas almas dejándolas desoladas y desamparadas. Cuando reflexiono en el por qué de estas situaciones, me llegan momentos de entendimiento profundo. Palabras de mi abuela diciendo que el problema es que seguimos a las personas no a las enseñanzas. Esto coincide con lo que muchos otros líderes espirituales transmiten: sigue las enseñanzas no a los maestros.

Los maestros somos un medio por el cual las almas llegan o no a su destino. No somos el destino ni debemos pretender serlo. Cada vez me topo mas y mas con egos no conscientes. Egos uniformados de Yoga siguiendo recetas y practicas que no sirven el propósito mas grande: iluminar el camino del otro. En épocas de crisis como la que vivimos ahora, es muy normal caer en manos de lobos vestidos de ovejas. Cuando deseamos que alguien nos diga qué hacer nos convertimos en víctimas perfectas de estos depredadores de almas. Pero la responsabilidad no es del Maestro, es de quien se deja caer en sus manos buscando respuestas desde la fragilidad inevitable que nos ataca a todos en diferentes momentos de la vida.

Es muy importante que si estás pasando por algo así, recuerdes que nunca vives la única opción que puedes vivir. Que si estás en donde estás es para que te conviertas en esa persona que necesitas en estos momentos. Recuerda que ese “Maestro equivocado” también te está enseñando algo. Tal vez a romper sus reglas y hacer las tuyas. Tal vez a encontrar tu camino para ayudar a otros a encontrar el suyo. Esto requiere madurez espiritual y muchas ganas de salir adelante como adulto, sin buscar a los padres en otros.

El Yoga se practica, se vive, se comparte, se evoluciona. Como todo en esta vida.

 

Sat Nam

Teresa

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